EL LOBO ERES TÚ


Hay momentos en que me siento frente a la computadora para compartirte lo que sé, momentos en que elijo escribir para “enseñarte” lo que yo he ido aprendiendo y aplicando a lo largo de mi vida, y hay otros momentos como este en que sólo estoy aquí para decirte lo que nadie te ha dicho y para recordarte quién eres, de dónde vienes y hacia dónde vas.

Yo sé que has pasado por mucho, mucho dolor, muchos obstáculos, muchos bosques oscuros plagados de lobos feroces que a veces has tenido que confrontar y otras veces, has tenido que huir o estás buscando huir de ellos. Créeme, sé por lo que has pasado, yo también he sido “caperucita”, dejándome seducir y engañar por lo que parecía la promesa de una vida de cuento de hadas, y sé lo doloroso que es salir de la ilusión, lo mucho que cuesta quitarte la capa roja y decir “esto también fue mi creación”, pero hoy quiero recordarte todo lo que has logrado y quiero mostrarte en quién te has convertido a partir de que elegiste escapar de las garras de ese lobo feroz, lo que quiera o quien quiera que eso sea para ti.

Estás cambiando, estás aprendiendo a cambiar la forma en que te ves a ti misma y la forma en que te impones ante el mundo. Estás convirtiéndote en una invitación a más posibilidades con el simple hecho de ser tú y de mostrarte tal como eres, con toda tu vulnerabilidad y con el poder que esa misma vulnerabilidad te brinda. Al levantarte cada día a pesar de tus dificultades, de tus ilusiones rotas, de tus pesadas responsabilidades y de tus miedos racionales e irracionales, estás mostrándole a mucha gente cómo vivir, cómo salir adelante, cómo volver al amor. Eres una gran inspiración para mucha gente, aún cuando pretendan ignorarte.Te estás haciendo amiga de tu fortaleza, de tus convicciones y de tu fe en ti misma, y aunque a veces te juzguen o te digan que eres “demasiado” (demasiado intensa, demasiado terca, demasiado ruidosa, demasiado tú), en el fondo sabes que te estás convirtiendo en esta mujer imparable en su camino de reencuentro consigo misma.

Tú no eres “caperucita” aunque hayas jugado a serlo. Y no hay nada de malo en haber jugado ese juego, era necesario porque, en el gran esquema de las cosas incomprensibles, tenías que pasar por el bosque para llegar a la pradera; tenías que ser la víctima para poder dejar de serlo, por ti, por todos los que vinieron antes de ti y por todos los que vendrán después. No, tú no eres Caperucita. Tú eres el lobo, y como tal, tienes pelaje, tienes garras, y una manada de ángeles divinos y terrenos que estarán más que dispuestos a apoyarte si tan sólo llamas su energía y su presencia, pero para encontrarlos, tienes que conectar con la loba que llevas dentro. Es momento de iniciar un nuevo camino, de cruzar un bosque que puede parecer frío y solitario, pero nunca has estado ni estarás tan sola como otros puedan pensar que estás porque hoy, por fin, tú estás contigo, te tienes a ti y has llegado al punto del camino en que sabes que nunca más volverás a soltar tu propia mano.

Tú no eres una presa, no eres una víctima, y no tienes que correr más de la lluvia cuando por fin puedes reconocer que tú eres la tormenta, que tu voz es el rugido y el trueno que puedes usar para quitar obstáculos e iluminar tus senderos. No estás sola, pero como el lobo, estás aprendiendo a distinguir cuándo correr con la manada y cuándo quedarte contigo y como tal, debes estar preparada para defenderte, para defender y honrar todo lo que has vivido, reconociendo lo que nunca más quieres volver a elegir, y preguntando al universo “¿cómo puedo tener más de esto?” respecto a todo lo que quieres seguir creando; tienes que defender y honrar lo que has dejado en el pasado prometiéndote no volver la vista atrás, por nada ni por nadie; defender y honrar lo que hoy eres y el lugar en donde estás agradeciéndote a ti misma por haber elegido quedarte en la vida y por estar empezando a vivir; defender y honrar el camino y el futuro que estás creando al no permitirte ya poner excusas, postergar o dudar.

Ya no puedes dudar, ya no se te permite tener miedo en esta parte del camino porque este es el momento de defender y honrar lo que has hecho tan tuyo, incluso si “el enemigo” está al acecho, y lo está, acecha a través de esos pensamientos y emociones que te hacen querer volver al menos un momento al bosque…lo piensas unos segundos y dices: “no más”...

Antes eras acechada por tus heridas y memorias del pasado, pero tú ya no tienes que acechar de vuelta, ahora sólo observas, observas y tomas consciencia. Y eres fuerte, por fin eres tú misma y estás orgullosa de quien has elegido ser. Nadie puede lastimarte ahora que tienes esta sabiduría, y con la potencia y la presencia imponente e imparable de la loba que llevas dentro, continúas hacia delante, hacia la vida que te prometiste hace mucho tiempo, cuando la niña que creía en los cuentos de hadas, creía en ti por sobre todas las cosas.

Aunque hayas perdido parte de tu inocencia, tienes tu vida, tu fuerza, tu voz y tu habilidad para mantenerte siendo tú sin importar lo que otros quieran o digan. Ya no serás una víctima. No eres una víctima. Estás viva y nunca te entregarás de nuevo a ti misma por nada que no sea el más alto grado de amor, compromiso y lealtad. Te pararás fuerte, clara y decidida y sabrás que el camino que tomes a través de los oscuros bosques de la vida, será el camino que te lleve a la más grande versión de ti misma que jamás hayas podido imaginar. Florecerás como nunca antes y nunca te rendirás, así como no te has rendido hasta ahora.

Alguna vez fuiste maltratada, es verdad. Alguna vez tuviste que esconderte y retirarte del mundo, es verdad también. Ya no más. Tú no eres la suma ni el resultado de una mala experiencia, eres lo que tú dices que eres y hoy, más que nunca, puedes decir que eres fuerte, que eres imparable, que eres maravillosa y más que capaz de sostenerte a ti misma desde el amor y la gratitud hacia tu propia existencia.

Dale las gracias a tu depredador, dale las gracias al cazador por el inmenso regalo que te ha dado: la claridad para saber qué es lo que nunca más quieres volver a crear, la voluntad y la convicción para correr hacia un bosque de posibilidades infinitas, la fortaleza inquebrantable para no volver la vista atrás y el amor necesario para mirarte a ti misma, pararte bajo la luna y aullar con todas tus fuerzas mientras dices para tus adentros: “Vida, aquí estoy de nuevo. Te llamo una vez más”.

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