LA MEJOR TÉCNICA PARA SANAR EMOCIONES


Cuando escucho la frase “sanar emociones” no puedo evitar pensar en las últimas veces en que me he enojado, deprimido o desesperado tremendamente y ahora que pienso en esas ocasiones, me pregunto si de verdad son las emociones lo que tengo que sanar, o si es mi percepción sobre esas emociones y sobre la situación en que surgieron, lo que realmente tengo que cambiar. Me inclino por la segunda opción y quiero explicarte porqué.

La mayoría de las personas tenemos esta creencia de que existen emociones buenas y emociones malas, emociones positivas y emociones negativas, pero ¿alguna vez te has detenido a pensar porqué o en función de qué estamos clasificando a las emociones? Desde mi interesante punto de vista, Dios es la energía, el espacio y la consciencia donde todo puede existir, sin que nada sea juzgado. Yo no creo que Dios juzgue las emociones porque, si así fuera, no podríamos experimentar ninguna emoción que no fuera amor. Si Dios juzgara algo, el mundo no podría ser lo que es, entonces ¿qué es lo que determina que una emoción sea buena o mala? Tú, es tu percepción de tus emociones y el juicio que haces sobre ellas, lo que hace que las experimentes o no como un problema.

 

Las emociones no son algo que llega y se va, las emociones son energías en movimiento, energías que ya existen en ti como potencial, pero se activan o se empiezan a “mover” bajo determinadas circunstancias, a fin de que tomemos consciencia de qué tan alineados estamos con nuestro verdadero ser. La forma en que Dios se manifiesta en nosotros, la forma en que se experimenta a Sí mismo siendo un ser humano como tú o yo, son las emociones. Los pensamientos también son importantes, pero ¿te has dado cuenta de que los únicos pensamientos que tienen relevancia en tu vida son aquellos que hacen surgir alguna emoción en ti? Dios, a través tuyo, tiene una gran idea, pero es hasta que tú sientes la emoción y la excitación de llevar a cabo esa gran idea, que Dios se experimenta siendo el gozo, la pasión, la creatividad y la fuerza imparable que realmente es.

Tus emociones son parte del lenguaje de Dios y, como tales, son una guía para determinar qué quieres elegir a continuación; detrás del enojo está el perdón, detrás del resentimiento está la compasión, detrás de la queja está la gratitud, pero no podrías ser consciente de ninguna de las emociones que consideras positivas (las que te alinean con el amor) si no experimentaras su contraste (las que te alinean con el miedo). Cualquier experiencia en esta realidad, lleva incluida la experiencia o consciencia de su contrario.

Entonces, cuando sientes una emoción como el enojo, la culpa o el resentimiento ¿qué te está diciendo realmente esa emoción? ¿te está pidiendo que la desaparezcas ahora mismo y para siempre, o te está pidiendo que tomes consciencia o cambies tu percepción de aquello que la está activando? ¿Está pidiendo que la ignores, o está pidiendo que tomes consciencia de lo que realmente quieres elegir ahora? Efectivamente, te está pidiendo que tomes consciencia, pero la única forma en que puedes tomar consciencia de lo que la emoción trata de decirte, es sintiendo tu emoción.

¿Alguna vez te has permitido llorar y deprimirte con tanta intensidad o durante tanto tiempo, que pasados algunos minutos o días te sientes agotado y, a la vez, aliviado? De eso se trata esta técnica: de sentir para sanar, de liberar la emoción para ser liberado del patrón que la activa. Veamos cómo se hace:

1. Quédate contigo

En el momento en que surja el enojo, haz tu mejor esfuerzo por no hablar ni hacer nada salvo reconocer que estás muy enojado. En este momento no puedes percibir claramente la realidad de lo que está sucediendo porque hay una serie de creencias, memorias y patrones que el enojo está trayendo a la superficie para que los sanes, pero tienes que dejarlos surgir, así que quédate contigo, quédate con tu enojo, siéntelo con toda su intensidad y su potencia pero no actúes todavía porque, seguramente, no harás lo que sabes que es mejor para ti.

2. Abraza tu emoción

Mientras estás sintiendo tu emoción, imagina que la abrazas como si fuera un niño pequeño y dile “ya me di cuenta, te amo, gracias”. Esto significa: “ya me di cuenta de que estás aquí para ayudarme a sanar algo más profundo. Te amo porque eres parte de mí y ya no voy a juzgarte. Gracias por mostrarme lo que tengo que sanar y por estarme guiando para elegir pensamientos y emociones más amorosos”. Mantente repitiendo esto hasta que sientas que tu emoción empieza a transformarse en una emoción más amorosa o menos intensa.

3. Sana lo que realmente hay que sanar

Conforme vayas abrazando tu emoción, notarás que ésta empieza a transformarse, pero no forzosamente te sentirás de maravilla; algunas veces podrás sentir que surge más enojo, o tristeza o frustración detrás de tu emoción original, quizá incluso surjan viejos recuerdos de otras ocasiones en que te sentiste igual.

Cuando sientas que esa nueva emoción empieza a surgir, observa, toma consciencia de lo que se te está mostrando. Hay un patrón ahí, hay un miedo o creencia arraigados que están listos para sanarse, pero, nuevamente, tienes que sentir para sanar. Date permiso de sentir eso que está surgiendo y sigue tu intuición respecto a lo que tienes que hacer para dejarlo ir completamente.

Si crees que necesitas hablar con alguien, escribir una carta, hacer una llamada, salir a caminar, lo que sea que surja, hazlo. Si las emociones son energías en movimiento, tienes que moverte para cambiar el rumbo, tienes que hacer algo diferente para sentir algo diferente, y lo primero que puedes hacer diferente es darte permiso de sentir y no juzgarte por ello.

Cuando no te permites sentir tus emociones bajo la creencia de que son malas o negativas, lo que sucede es que no te estás permitiendo experimentarte siendo lo que no eres (la energía del miedo), y si no puedes experimentarte siendo lo que no eres, ¿cómo vas a elegir entonces ser lo que realmente eres? Al no permitirte tener la experiencia completa de ser la energía del miedo/oscuridad, vuelves a recrear una y otra vez los mismos patrones y las mismas circunstancias que te ayuden a experimentar esa emoción, hasta que te permites sentirla plena y conscientemente.

Cuando esto sucede, cuando por fin te das permiso de sentir tu emoción sin juicios hacia ti, hacia el otro ni hacia la emoción misma, esa energía empieza a transformarse poco a poco en una energía que te permita alinearte de nuevo con el amor que realmente eres.

 

Es gracias a la frustración que has logrado encontrar nuevas formas de hacer las cosas; es gracias a la tristeza que has pedido al universo que transforme tu vida; es gracias al enojo que has sentido la necesidad del perdón y es gracias a tu capacidad de sentir, que puedes crear cualquier realidad que elijas.

¿Qué emociones te estás negando a sentir, que si te permitieras sentirlas, podrías sanarlo todo en ti?

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